Para vosotras...

Nadie puede hacer que te sientas inferior, si TÚ no se lo permites.

Este blog está dedicado a todas esas mujeres que día a día habéis sufrido y estáis sufriendo la violencia de género.

Para aquellas mujeres que a pesar del miedo seguís levantándoos cada mañana, para aquellas mujeres que a pesar de los insultos, de los golpes, de las violaciones, de vuestros moratones, de las cicatrices... de esas cicatrices que tantas y tantas veces no se ven pero que siguen ahí...

Para aquellas mujeres que queréis seguir luchando por sobrevivir en ese infierno al que tú llamabas AMOR.

FUERZA! NO ESTÁIS SOLAS

jueves, 18 de febrero de 2016

EL CUENTO DE LOS BESOS ROBADOS escrito por el periodista Sergio Casal.

Llevo horas pensando cómo enfocar este artículo: sarcasmo, seriedad, datos, declaraciones... y cuanto más lo pienso, menos me aclaro. 

El caso es, que el 14 de febrero, la policía se puso romántica. O por lo menos lo intentó.
Gracias al bueno de Carlos, la policía tuitera goza de una imagen entre la prole tuitera más bien desenfadada, campechana, no siempre políticamente correcta e incluso un tanto irreverente. Pero Carlos se fue. Y con él la novedad y la frescura de su método. Hasta tal punto que ya empacha. 
La gracia que pudiese tener ese concepto revolucionario del uso de un lenguaje coloquial y cercano se diluye por momentos. Y sí es cierto, que en temas institucionales siempre produce entre el común de los mortales una curiosa reacción que a mi me gusta llamar "Alaaaa! Ha dicho pito, jijiji", más típica de los niños, pero extrapolable también a lo que el sociólogo francés Gustave Le Bon definió como masas: "Una agrupación humana con los rasgos de pérdida de control racional, mayor sugestionabilidad, contagio emocional, imitación, sentimiento de omnipotencia y anonimato para el individuo"
Vamos, que en Twitter no es difícil encontrar ese comportamiento. Pero tranquilidad, no hay por qué sorprenderse con esta forma de actuar. Que no hemos dejado de ser humanos, y los famosos también cagan. 

Pues eso, en San Valentín, la CM de la policía no tenía plan y decidió escribir el dichoso tuit. Y arregló la tarde. Las reacciones no se hicieron esperar, de todos los colores. Se dibujó entonces un panorama polarizado típico de este país cainísta. Y, como en las pelis de Ben Stiller, cuanto más trataron de enmendar una desafortunada situación, más rizaban el rizo.
La policía se metió en un jardín llamado Twitter, del cual no se puede salir si no es reconociendo el error. Al no darse esta condición, el bombardeo fue total. 
Y la respuesta a ese bombardeo, delirante. Pero también ilustrativa:

https://www.youtube.com/watch?v=9QFKZOpEp2c 

Y el patriarcado quedó retratado.

Seguimos viviendo en la creencia de que nuestra sociedad es perfecta e igualitaria por el simple hecho de votar cada 4 años. Que no hay discriminación, que nadie es racista, ni machista, ni homófobo. Pero los asesinatos machistas, las agresiones homófobas y el lenguaje racista siguen latentes. Y se justifica que se le retire la asistencia sanitaria a una persona sin papeles, mientras se calla cuando una ambulancia tiene que asistir por coma etílico a un británico que viene a Lloret de Mar a beberse hasta el agua del Mediterráneo. Somos un país de hipócritas. Y sí, obviamente, la lucha contra la desigualdad empieza en el lenguaje. Sí, probablemente el tuit de la policía no buscaba "fomentar" el machismo; pero ha sido desafortunado teniendo en cuenta que estamos hablando de un Cuerpo de Seguridad del Estado. Que ser desenfadado no implica extralimitarse y que, si queremos progresar, tenemos que empezar por el lenguaje. 

Es sencillo, este tuit es desafortunado por una razón: 

      1. Todo tiene un nombre: si no hay consentimiento, se llama acoso. 

 Y punto. No habría por qué discutir. Pero en esos dos bandos que se formaron, uno, fácilmente reconocible por ese discurso de: "Asociación Mundial de Víctimas de las Denuncias Falsas", se empeñó en que criticar el tuit de la policía era feminazismo. Ese fabuloso término acuñado por estos lumbreras que afirman que la lucha contra la violencia machista es la muerte de la igualdad. Esos mismos que creen que subir los impuestos a las rentas altas es injusto. O que la igualdad de oportunidades consiste en poner la línea de meta a la misma altura, al margen de que un corredor sea cojo, otro tuerto, y que a otro lo hayan obligado a salir 10 minutos más tarde, si se me comprende. Y, por desgracia, el patriarcado sigue terriblemente arraigado en nuestra sociedad y parece que no entendemos que en esta carrera de fondo que se llama igualdad, las mujeres han tenido que salir más de 40 años (por no decir siglos) tarde con respecto a los hombres. 



Lo que más me duele, no es que se me critique por adoptar esta postura. Que se me tache de feminazi. No me duele el desprecio del necio. Me duele que sean tan pocos los hombres concienciados con la lacra del machismo, comprometidos contra la violencia de género. Me duele pensar que esa línea de meta se aleja al mismo ritmo al que intentamos alcanzarla.


 «“Por amor” aguantamos insultos, violencia, desprecio. Somos capaces de humillarnos “por amor”, y a la vez de presumir de nuestra intensa capacidad de amar. “Por amor” nos sacrificamos, nos dejamos anular, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestras redes sociales y afectivas. “Por amor” abandonamos nuestros sueños y metas, “por amor” competimos con otras mujeres y nos enemistamos para siempre, “por amor” lo dejamos todo… Por eso este “amor” no es amor. Es dependencia, es necesidad, es miedo a la soledad, es masoquismo, es fantasía mitificada, pero no es amor». 
Coral Herrera Gómez, Doctora en Humanidades y Comunicación Audiovisual

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